Región 4
Un blog para Latinoamérica y el Caribe

Esto de tener un sitio web personal, o un blog, puede confundirse fácilmente con nostalgia de quienes crecimos en los noventa. Y en una parte probablemente lo es, pero para muchos de nosotros es también una vuelta a los ideales de la web temprana. De personas enlazando a otras personas, y del contenido publicado de manera verdaderamente independiente como asunto central.

Hoy en día la mayor parte de internet sucede dentro de plataformas cerradas. Publicamos en Instagram, escribimos en Substack, hacemos videos para TikTok y creemos que estamos usando la web, cuando en realidad estamos usando servicios privados que viven sobre la web.

En respuesta a esto han surgido varios movimientos filosóficos que entre ellos se enciman y complementan. Filosofías que en cuanto descubrí me obsesionaron, porque tocan directamente cosas a las que no les había puesto nombre antes.

Estas son las tres que considero más importantes.

La IndieWeb

Si internet iba a servir para que cualquiera pudiera publicar ¿por qué terminamos entregando todo nuestro contenido a un puñado de empresas gigantes?

La IndieWeb propone recuperar el control. Tener tu propio sitio, publicar ahí y usar las redes sociales como un espejo que apunta a tu casa en lugar de irte a vivir en ellas. Que tu contenido viva bajo un dominio que tú pagas y controlas, en el servidor que tú elijas y con un diseño que nadie puede cambiar ni romper. Y que nadie te diga qué puedes o no puedes publicar.

Porque ahora mismo estás jugando con una pelota ajena, y el dueño puede venir y llevarse su pelota en cualquier momento.

Publicar tu contenido en Instagram, X, o Substack es aceptar que alguien más escriba las reglas y pueda cambiarlas mientras estás jugando. En cualquier momento te pueden suspender, banear, desterrar. Y el contenido tampoco es tan libre e independiente como crees... o intenta publicar en Instagram una foto donde se asome un pezón, si eres mujer, a ver qué pasa.

Necesitamos lugares donde los pezones proverbiales de nuestro contenido puedan lucir en público.

No se trata de clavarnos en la nostalgia y hacer como que sigue siendo 1996, sino de que el contenido siga existiendo, sin depender de que una plataforma no cierre, o cambie las reglas, o decida que para seguir haciendo esto ahora hay que pagar.

No es nostalgia, es hacer que internet vuelva a funcionar como internet.

La Small Web

Mientras la IndieWeb habla de independencia, la Small Web habla de escala. O más bien de ambición.

En algún momento nos convencieron de que si algo no crece, es un fracaso. Que todo proyecto personal debe convertirse en marca personal, newsletter, canal, curso y eventualmente startup.

La Small Web responde con una pregunta casi ofensiva para el internet moderno: ¿Y si un sitio web existiera nada más porque a alguien le dio la gana?

Personas publicando recetas de la abuela. Blogs sobre fotografía analógica. Una persona catalogando sabores raros de soda. Otra persona escribiendo ensayos larguísimos que ocho desconocidos repartidos por el mundo leerán en algún momento. No necesita ser monetizado, no necesita optimizarse para motores de búsqueda. Solo necesita tener sentido para su autor.

La Smol Web

Si la Small Web rechaza la obsesión por crecer, la Smol Web rechaza la obsesión por la complejidad y la lleva hasta sus últimas consecuencias.

¿Por qué para leer una receta de pan de masa madre necesito descargar medio internet?

No necesitamos tener la última versión del navegador para leer noticias. O que un sitio más nos pregunte si aceptamos las cookies, o que nos inviten a recibir notificaciones (wtf?). Tampoco suscribirnos al boletín, o dar nuestro email a cambio de un ebook.

La Smol Web nos recuerda que el contenido, y sólo el contenido, es lo importante. Porque sinceramente, para leer cinco párrafos no hacía falta agotar mi plan de datos móviles.

Personalmente, esta es la filosofía que más trabajo me ha costado adoptar. Todavía no estoy ahí. Requiere rasurar muchísimo, quitar todo lo innecesario. Y para alguien que valora tanto la presentación como el contenido, encontrar ese equilibrio no ha sido sencillo. Pero estoy en ese camino.

En conclusión

La web dejó de ser un lugar abierto y se convirtió en el terreno para unas cuantas plataformas cerradas. Este es un recordatorio de que internet no son cinco aplicaciones instaladas en tu teléfono, sino una multitud de personas compartiendo sus pasiones porque quieren y pueden, sin pedirle permiso a nadie.

La web siempre ha sido eso, pero en algún momento muchos de nosotros dejamos de poner atención. Este es un gran momento para voltear de nuevo.

Quizá sí haya un poco de nostalgia en todo esto, pero no extraño el viejo internet porque sea viejo, lo extraño porque era más nuestro.

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